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Aprende a reconocer la Mediocridad Inoperante Activa en tu empresa
Cuando hace años leí los artículos de J. L. González de Rivera y Revuelta (www.psicoter.es), sobre el Síndrome MIA (Mediocridad Inoperante Activa) me sorprendieron dos cosas: 1) que la mediocridad puede llegar a considerarse un trastorno psiquiátrico, 2) que existen diferentes grados de mediocres: el mediocre sin más, el mediocre inoperante y el mediocre inoperante activo. Además descubrí que determinadas personas con las que me relacionaba o me había relacionado profesionalmente, no eran simplemente “mala gente” sino enfermos no diagnosticados; eso sí, hacían estragos a su alrededor.Para este autor la mediocridad es la ausencia de impulso o pasión interior hacia la excelencia, hacia la superación y la creatividad, actitudes todas ellas innatas en el ser humano.
En mi experiencia en la Gestión de Personas me he encontrado con mediocres de los tres tipos, tanto colaboradores como responsables de igual o superior nivel, pero sin duda los MIA son los que más daño han infligido a las Organizaciones y a muchas de las personas que las integraban. Es sumamente difícil neutralizar su impacto, tan sólo podemos intentar minimizarlo.
¿Cómo identificamos a un MIA?
La envidia les corroe, no soportan el mérito ajeno. Sólo ellos tienen el derecho a brillar (cosa bastante improbable dada las carencias en sus competencias técnicas y actitudinales) y no les temblará el pié al pisar a auténticos profesionales como si se trataran de cucarachas (así reafirman ante ellos mismos su hipotética superioridad). Lo normal es que un MIA tenga un armario lleno de cadáveres.
Pueden pasar semanas, meses e incluso años realizando listas y listas de errores que comenten otras personas –sobre todo las cometidas por excelentes profesionales-, pero sólo serán capaces de editarlas, registrarlas, engrandecerlas y comunicarlas a voz en grito para que se entere “todo el mundo”. Jamás elaborarán una propuesta constructiva realista o diseñarán un plan de mejora, simplemente porque no saben hacerlo, aunque mejor no se lo propongais no vayais a encontraros con un manual de 250 páginas, enrevesado y lleno de auténticas memeces en el que os enseñen cómo ha de salir el vaso de café de la máquina de vending (“a ver si aprende de una vez el inútil del responsable de mantenimiento que debería estar de patitas en la calle” sería la rúbrica con la que un MIA cerraría su informe).
Desolador, ¿verdad? Pues sí lo es.
Si es tu Jefe, lo lamento. Supongo que tan pronto como puedas abandonarás la Empresa o pedirás un traslado a otro Departamento. No lo vivas como un fracaso. Cuando un MIA entra por la puerta de la Dirección el talento salta por la ventana. Pura supervivencia.
Via: http://gestiondepersonastodounarte.blogspot.com.es/2012/04/con-la-mediocridad-inoperante-activa.html
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