SISTAC

SISTAC es un sístema de gestión para colegios y establecimientos educacionales en general, a través de la implementación de un conjunto de sistemas modulares desarrollados íntegramente por profesionales Peruanos.

Gracias al poder de SISTAC, nuestro sistema de gestión se adapta a colegios con necesidades y realidades muy distintas, desde 400 hasta 5.000 alumnos, colegios privados, estatales, de distintas lenguas, congregaciones religiosas, etc.

Cada nuevo cliente que se incorpora amplía las facilidades del programa e impulsa su desarrollo. Por ende la flexibilidad y ergonomía de SISTAC sobrepasa las necesidades básicas de los colegios.

SISTACNET es el complemento de SISTAC o de cualquier sistema de gestión para consultar la información por internet e ingresar las notas del profesorado. Su bajo costo y alto rendimiento brinda la mejor alternativa para un centro educativo de vanguardia.

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e-Learning y los 7 pecados capitales

Resumen
Internet y el e-learning han sido perjudiciales para la educación y la formación. Una inmensa mayoría ha visto en el e-learning el instrumento perfecto para hacer el menor esfuerzo posible, virtualizar los materiales que ya tenían, ponerlos en la web y hacerlos accesibles a sus empleados gastando lo mínimo y ahorrando lo máximo. La consecuencia no es ninguna sorpresa: lo que sabemos que no funciona en presencial y aderezado además con su dosis de tecnología, que queda muy bien en los tiempos que corren. Se ha optado por lo más rápido y lo más barato que rara vez significa lo mejor. Por tanto lo que se resiente es la calidad: El resultado es que la gente no aprende.

Palabras clave: aprendizaje, conocimiento, educación, e-learning y tecnología.

Índice
Primer pecado: Las personas aprenden escuchando o leyendo.
Segundo pecado: El Tecnocentrismo, la tecnología por delante de las personas.
Tercer pecado: Infocentrismo, la información por delante de las personas.
Cuarto pecado: Los colegios y universidades saben lo que necesitamos aprender para vivir en la sociedad del siglo XXI.
Quinto pecado: El aprendizaje ocurre independientemente de la motivación.
Sexto pecado
: La mejor solución es una solución Blended (presencial  virtual).
Séptimo pecado: El Conocimiento es explícito y transmisible.

La curiosidad es la forma superior de sabiduría
. (Pablo Picasso)

Hace un tiempo, un amigo, Iñigo Babot, me contaba una divertida anécdota. Un colega suyo tenía de visita en su casa a unos amigos suecos que viajaban con su hijo de corta edad. En un momento dado, el niño formuló una pregunta en sueco a su padre quien primero puso cara de sorpresa y luego no puedo evitar reírse. Cuando el anfitrión preguntó que era lo que intrigaba al niño y hacia tanta gracia a su padre, éste tradujo la pregunta: El niño quería saber la razón por la que el teléfono del salón estaba atado con un cable y si es que era para que nadie lo robase.

Nos agrade o no, vivimos en un mundo en el que la tecnología hace ya tiempo que juega un papel preponderante, inundándolo todo. Y no me refiero únicamente a Internet. Dependemos de la tecnología para viajar, para cuidar la salud, para comunicarnos, para el ocio, para la ciencia, para fabricar productos … Está ahí aunque no la veamos. Hoy la distancia no se mide en kilómetros, se mide por la velocidad en que podemos comunicarnos. Muy pocos en el mundo de la empresa se imaginan desarrollar su trabajo sin un ordenador y el día que falla el suministro eléctrico e incluso cuando no podemos navegar por Internet o acceder al correo electrónico tiene lugar un fenómeno interesantísimo: Nos quedamos como huérfanos desamparados, con los brazos cruzados, sin saber que hacer, pensando: ¿Cómo se las arreglaban para trabajar sin ordenadores hace 20 años? Exactamente lo mismo que pasa en muchos hogares cuando de repente la televisión se estropea. Triste pero cierto. La tecnología es transparente hasta que deja de funcionar, igual que la salud.

El titulo del artículo tiene un propósito concreto. Internet y el e-learning han sido perjudiciales para la educación y la formación. Muchos expertos reconocen que la llegada de Internet ha supuesto un freno e incluso un paso atrás respecto a las experiencias que los usuarios disfrutaban en la época del CD/multimedia. Una inmensa mayoría ha visto en el e-learning el instrumento perfecto para hacer el menor esfuerzo posible, virtualizar los materiales que ya tenían, ponerlos en la web y hacerlos accesibles a sus empleados gastando lo mínimo (al fin y al cabo son los mismos manuales de siempre), y ahorrando lo máximo (desplazamientos, alojamientos, coste de oportunidad, etc.). La consecuencia no es ninguna sorpresa: lo que sabemos que no funciona en presencial y aderezado además con su dosis de tecnología, que queda muy bien en los tiempos que corren. Se ha optado por lo más rápido y lo más barato que rara vez significa lo mejor. Por tanto lo que se resiente es la calidad: El resultado es que la gente no aprende. No contentos con esto, además proclaman, por ejemplo, que el e-learning garantiza mayor retención. ¿En base a qué? O también lo justifican diciendo que el e-learning reduce el tiempo para aprender. Se reduce en desplazamientos pero no en dedicación y esfuerzo del alumno. Además lo que acaba ocurriendo demasiado a menudo es que el aprendizaje ahora corre por cuenta del tiempo libre del empleado.

No se trata de reducir el tiempo dedicado a la formación, se trata de ampliarlo. No se trata de gastar menos sino de invertir más. No podemos simplificar las cosas a ese nivel tan burdo. Aquí no hay atajos, no podemos engañarnos a nosotros mismos llenándonos la boca de términos como sociedad del conocimiento o capital humano y al mismo tiempo hacer justo lo contrario.

Ahora bien, el enfoque de este artículo no está orientado a la tecnología porque la tecnología no es ni el problema ni la solución de los males que paralizan a la formación y a la educación. La tecnología es un gran acelerador de procesos y modelos cuando estos funcionan adecuadamente. Lo que ocurre es que añadir tecnología a un modelo deficiente no sólo no lo mejora sino que lo empeora. Y esta es exactamente la situación que hasta ahora se ha vivido en todo lo relacionado con el e-learning y de ahí que los resultados obtenidos hayan sido tan pobres y decepcionantes teniendo en cuenta el maravilloso panorama que se había pronosticado. No crean que exagero. Hace un mes he tenido la oportunidad de participar por segunda vez como juez en los Brandon Hall Excellence in e-learning Awards 2004 donde se presentan empresas de todo el mundo con sus mejores productos y he podido comprobar los mismos temores que hace un año.

Creo que merece la pena comenzar haciéndonos la siguiente pregunta ¿Cuál es el impacto que ha tenido la tecnología en la educación? Desgraciadamente el impacto ha sido nulo. Vivimos una intensa revolución tecnológica pero la educación apenas ha hecho nada para adaptarse al nuevo perfil de alumno que ha aparecido hace ya algún tiempo. Así como un científico, un soldado o un médico del siglo XIX sería incapaz de manejarse en un laboratorio, un campo de batalla o un quirófano actual, un profesor sin embargo no tendría ningún problema en adaptarse, situarse ante la pizarra, tiza en mano, y rememorar la conocida frase de Fray Luis de León: Como decíamos ayer ¿Es esto lógico? Las autoridades políticas y económicas se llenan la boca con palabras como “innovación” y “emprendimiento”. ¿Dónde está la innovación en el aprendizaje?

Sin embargo, hay algo que debemos agradecerle a la tecnología y es que nos ha obligado a pensar y debatir sobre asuntos que poco tienen que ver con la ella. Nos está sirviendo como excusa para repensar un modelo educativo y formativo que lleva demasiado tiempo instalado entre nosotros y que está generando excesiva frustración. Y esto no es lo peor, estamos cegados por un paradigma conformista. Sólo una minoría se atreve a “blasfemar” afirmando que si no provocamos una autentica revolución en la forma en la que tratamos de que aprendan las personas para vivir en la sociedad del siglo XXI, corremos el peligro de ahogarnos estancados en un circulo vicioso cada vez más asfixiante.

Debemos reconocer que nuestra cultura, economía, religión y educación no han sido demasiado exitosas humanamente hablando: Los avances son sobre todo tecnológicos. El mundo jamás ha conocido un nivel semejante de progreso. Sin embargo, las guerras continúan, las enfermedades no desaparecen (Sida, Cáncer), las desigualdades se acrecientan al igual que la delincuencia, el racismo y la intolerancia, degradamos la naturaleza sin cesar … y, esto sólo le ocurre al hombre pero no le pasa al resto de seres vivos que sufren las consecuencias de nuestra locura. El siglo XX ha sido terrible en muchos aspectos. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Somos más felices hoy? ¿Por qué nuestros abuelos no entienden cuando les hablamos de estrés? ¿Existe un problema educativo asociado? Pienso que si. La educación que estamos dando a los niños ha estado basada en la obediencia, la competencia, el miedo y la culpa en lugar de la colaboración, el respeto y la autonomía. El error se penaliza y se castiga en lugar de aprovecharse como oportunidad de oro para innovar y progresar. Esos niños crecen y se convierten en adultos generalmente egoístas y temerosos. No debemos obviar que en la niñez diseñamos gran parte del camino que luego vamos a recorrer en la vida.

Mi objetivo en este artículo es señalar algunos Pecados que nos paralizan y nos impiden provocar este quiebre que permita que la educación salga de ese estado de hibernación y anquilosamiento en el que lleva demasiado tiempo.

La educación y la escuela eluden la cuestión fundamental: Todas las matemáticas, toda la física o toda la historia del mundo no ayudarán a hacer más felices a las personas, no hará de ellos mejores ciudadanos ni mejores profesionales. La sociedad sigue impulsando la aplicación y el estudio como virtudes y considerando el inglés y la geometría como educación. Obligar a aprender y a estudiar es como obligar a profesar una religión. Simplemente no es real. Aprender es como ir al gimnasio, ahora que vivimos la era del fitness. Es un proceso largo, exige sacrificio, constancia. Nadie esperaría ningún tipo de resultado estético o de salud por ir al gimnasio durante una semana y no volver más. De la misma forma, nadie debe esperar resultados por asistir a un curso, por muy sofisticado y atractivo que parezca.

Antes de empezar con los Pecados, una ultima reflexión acerca de la tecnología: No olvidemos que la tecnología sólo es tecnología para los que nacieron antes que ella (el niño sueco es un ejemplo palpable). Se está produciendo un recambio generacional de usuarios tecnológicos que tendrá consecuencias decisivas. Los alumnos han cambiado y no solo por la ropa que visten o la música que escuchan sino que han sido sometidos a diferentes experiencias de exposición y uso de las tecnologías digitales (pasan 4 veces mas horas viendo la TV que leyendo). Asumir que los alumnos son iguales y por tanto los métodos tradicionales sirven igual es un error. Los jóvenes que desde hace algunos años se están incorporando al mundo laboral, son ya multiplataforma, nacieron en un ambiente digital, no van a aceptar trabajar y aprender si no es empleando lo que para ellos siempre han sido sus herramientas naturales: El ordenador, Internet, teléfono móvil, Messenger o el P2P iniciado por Napster forman parte de su organismo, es casi un derecho de nacimiento, siempre han estado con ellos. Estar conectado es una necesidad. El hipertexto es la regla y la secuencialidad es la excepción. Es lo que Marc Prensky señala cuando diferencia entre “nativos digitales” frente a los “inmigrantes digitales”. Los inmigrantes hablan con acento, les cuesta entender y por tanto expresarse digitalmente. Exactamente lo que sucede con varias generaciones de adultos afectados por este fenómeno. Y no nos engañemos, casi la totalidad de los políticos que gobiernan en nuestra sociedad y de los directivos que manejan las empresas pertenecen a ese colectivo de inmigrantes. Los analfabetos digitales son ya los nuevos parias de la sociedad del conocimiento. Seamos lo suficientemente inteligentes de no pensar únicamente en nosotros.

Tenemos que preparar a los jóvenes para afrontar su futuro, no nuestro pasado. (A. Clark)

Primer pecado: Las personas aprenden escuchando o leyendo.

Lo que tenemos que aprender, lo aprendemos haciendo. (Aristóteles)

En el léxico del e-learning, aprender es casi sinónimo de hacer cursos. En la educación, suele ser sinónimo de rendimiento académico, de sacar buenas notas. En realidad, aprender es algo mucho más complejo y también más maravilloso. Si fuese tan obvio, bastarían los miles de libros, cursos y seminarios que surgen cada año y que no son más que una reedición de los de años anteriores.

Es un error pensar que una persona aprenderá automáticamente por el hecho de exponerla a determinada información, colocándola frente a un profesor o, en su lugar, ante unos contenidos digitalizados. Las personas no aprenden escuchando o leyendo. La rancia tradición que todos hemos vivido consiste en un profesor que se supone que sabe y explica lo que sabe, y un grupo de alumnos que se supone que escuchan y aprenden. Demasiadas suposiciones. En el modelo “yo sé, tú no sabes, yo te cuento”, el profesor hace el 95% del trabajo cuando quien debería hacer el esfuerzo realmente es el alumno, que es quien necesita aprender.

Y es otro error, relacionado con el anterior, pensar que validamos el conocimiento a través de un examen. En un examen, lo que medimos es la memoria pero nunca el entendimiento, medimos la capacidad de aprobar exámenes pero no si el alumno ha entendido, si ha comprendido el por qué. Y no importa mucho que 2 meses después el examinado ya no recuerde gran cosa. ¿Sería mejor nuestro mundo si todas las personas hubiesen sacado matriculas de honor en sus exámenes de matemáticas? ¿Alguien cree que la mejor manera de educar a los ciudadanos críticos y autónomos que demanda la sociedad actual es a través de clases magistrales? ¿Qué hay en una clase que no haya en un libro? Sólo las respuestas a preguntas imprevistas de los alumnos, cosa poco frecuente por lo demás. Los alumnos, sobre todo en la universidad, descubren que pueden faltar a clase y les va igualmente bien. El resultado de este modelo lo conocemos todos: Lo que se memoriza se nos olvida (pensemos en cuantos exámenes de los que hicimos durante la carrera seríamos capaces de aprobar a día de hoy) y lo que recordamos no somos capaces de aplicarlo. En el caso del e-learning, asumimos que los alumnos aprenderán leyendo y evaluamos lo que recuerdan a través de tests de respuesta múltiple (con humor denominado click & sleep).

La experiencia y el sentido común nos dice algo totalmente diferente.

Las personas aprenden:
· Haciendo (learn by doing).
· Persiguiendo objetivos que les importan a ellos (motivación).
· Equivocándose y reflexionando sobre cómo resolver los problemas, por lo general con la ayuda de alguien más experimentado.
· En un entorno seguro, libre de riesgos y con apariencia de trabajo real que alienta la experimentación, el razonamiento, la toma de decisiones y vivir las consecuencias de esas decisiones.

Hay dos aspectos a destacar en este proceso: un aspecto externo (lo que ve y oye el usuario mientras aprende) y un aspecto interno (lo que piensa y siente).

Existe enorme confusión a la hora de diferenciar entre aprendizaje y conocimiento. El conocimiento es el bagaje de lo que ya tenemos (aunque muchas veces no seamos conscientes). Somos el resultado de nuestra experiencia. El aprendizaje es el proceso que tenemos que seguir cuando no sabemos algo y por tanto necesitamos crear conocimiento y para lograrlo debemos experimentar. Para aprender tiene que existir conocimiento generado previamente por alguien, generalmente un experto.

Todos hemos nacido con una intrínseca pasión por aprender, todos sabemos aprender, de no ser así no seguiríamos vivos. Hemos aprendido habilidades muy complejas como caminar, hablar, escribir, nadar, andar en bici, conducir, liderar equipos, escribir artículos … y lo hemos hecho siempre de esa manera. HACIENDO, cometiendo errores y buscando la manera de rectificar. Es decir, primero va la Práctica y luego la Teoría, algo difícil de aceptar para la mayoría. Y si no creen que aprender a hablar es complejo, busquen cuantas maquinas conocen con capacidad de mantener una conversación.

Para ilustrarlo con un ejemplo que todos hemos vivido en carne propia, detengámonos unos instantes en el aprendizaje natural de los niños. Mi hijo de 6 meses no necesita saber hablar, leer, escribir o ir a clase para aprender una impresionante cantidad de cosas cada día. Los niños aprenden a hablar porque sienten el deseo incontenible de comunicarse, aprenden a caminar porque sienten el impulso de explorar el fascinante mundo que les rodea. Lo intentan, fracasan mil veces y sus padres les ayudan y les tienen toda la paciencia del mundo hasta que por fin logran su objetivo. No conozco ningún niño que se haya deprimido en ese proceso y haya decidido no aprender a hablar ni a caminar. Si se fijan, hasta que tenemos 6 años nos valoran por las preguntas que hacemos, sin embargo a partir de los 6 años, nos empiezan a medir por nuestras respuestas. ¿Qué ha sucedido? El niño ha empezado el colegio.

La educación formal se convierte en una camisa de fuerza que neutraliza el interés y el enorme caudal de motivación que cada niño tiene por conocer el mundo en el que vive. Nos damos el lujo de desperdiciar una energía de valor incalculable. Evidentemente, el modelo educativo que conocemos es la manera más democrática de ofrecer un acceso mayoritario de los ciudadanos a la educación. Si bien hace varios siglos, los privilegiados que podían tener acceso a la educación eran pocos y por tanto existía una proporción de un maestro para un alumno (Aristóteles – Alejandro el Magno), hoy en día el ratio es de un profesor para 40 alumnos. En estas condiciones, al docente no le queda más remedio que recitar sus clases y convertirse en una especie de predicador. Además ese ratio es el único modelo económicamente viable, que resuelve también el problema de cuidar a los niños durante la jornada laboral cuando ambos padres trabajan. Son los peajes a pagar por nuestro estilo de vida.

Pero prácticamente, esas son casi sus únicas virtudes. Tener a un grupo de niños durante años, sentados en un aula 7 horas al día, escuchando la clase de un profesor determinado, el mismo día, a la misma hora, sin poder hablar, en un rol totalmente pasivo, no es la mejor manera de afrontar un proceso tan decisivo como la educación y el aprendizaje. No es la fórmula ideal para prepararles para la vida que les espera. Aunque la vida son fundamentalmente relaciones y convivencia con sus semejantes, el momento para socializar es la media hora del recreo. Los adultos a duras penas somos capaces de aguantar en un aula más de una hora concentrados, y eso si el profesor es brillante y tiene verdaderas habilidades de artista.

En nuestro trabajo nos cuesta un gran esfuerzo leer de forma ininterrumpida un documento de varias páginas. En seguida nos despistamos cuando se nos vienen pensamientos a la cabeza, empezamos a buscar en Internet y al cabo de un rato no recordamos por donde empezamos la búsqueda, nos llega un mail, nos interrumpe el teléfono, tenemos una reunión. No hay más que ver el número de ventanas y programas que tenemos abiertos en nuestro PC. Estamos haciendo varias tareas a la vez y en paralelo. ¿Se imaginan entonces lo que resulta para un niño ese calvario que significa la escuela? Imagino que sí, todos lo hemos vivido y al final de cuentas, lo que acabamos recordando del colegio es a nuestros compañeros, los recreos, algunas experiencias extracurriculares como convivencias y campamentos, anécdotas relevantes y uno que otro profesor aislado que nos dejó una huella particular. Si el niño no disfruta del aprendizaje, será difícil que cuando sea adulto haya incorporado el hábito y la pasión por aprender. Sólo podemos pedirle al colegio que cumpla con el rol principal de la educación: Enseñar a pensar por uno mismo, a dudar, a reflexionar y sobre todo no aniquilar el deseo innato de aprender. Para aprender, lo primero que hay que hacer es reconocer que no se sabe (cuanto más sabes, menos dispuesto estás a aprender) y sobre todo hay que ser curioso, hay que querer saber el porqué de las cosas, hacerse preguntas. Sin embargo la realidad contradice todo esto.

La escuela funciona bajo el modelo de fábrica heredado de la revolución industrial y obviamente, para la mayoría de los niños, se convierte en una pequeña tortura. Se convierte en una cárcel donde no pueden dejar de mirar al reloj esperando la hora de terminar para salir de estampida. Ya ni siquiera la espada de Damocles de los exámenes o las malas calificaciones les afectan. Los niños en la escuela están separados por edades y durante mucho tiempo por sexos, el conocimiento estructurado en asignaturas, la educación básica dura hasta los 18 años, las carreras duran 5 años, tras la universidad es necesario hacer un master, por mucho aprendizaje y trabajo en grupo que se predique, los exámenes son individuales y fomentan la competición y no la colaboración cuando en la empresa nadie puede trabajar solo y lo que se valora es el trabajo en equipo. ¿Por qué? No he conseguido averiguarlo.

Continua en ….. : http://winred.com/internet/e-learning-y-los-7-pecados-capitales/gmx-niv113-con2584.htm

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