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La inevitable llegada del libro electrónico (o e-book)En anteriores mensajes he hecho referencia al libro electrónico o ebook. Todavía esta “nueva tecnología” sigue siendo una rareza o artefacto exótico que pocos todavía poseen o usan. Sin embargo, muchos ya hemos oído hablar de ella e incluso pensamos que la misma es inevitable.
El monopolio del papel como soporte físico del texto escrito está llegando a su fin. Los libros, tal como los hemos conocido en estos dos últimos siglos, van a desaparecer como producto de consumo en masa. Sé que a muchas personas de mi edad esta afirmación pudiera parecerles excesiva e incluso nociva para la cultura ya que mi generación fue educada en la mitificación del libro como objeto cultural por antonomasia. Como ya he afirmado en otras ocasiones, el texto o el libro no desaparecen. Lo que cambiará será el soporte de almacenamiento y difusión de la obra, la estructura y formato de representación de la misma y, en consecuencia, la forma de acceso y consumo que realizan los lectores.
¿Por qué este miedo e incertidumbre ante el inevitable final de la industria de los libros de papel? ¿Por qué esas voces apocalípticas que dicen que estamos ante el ocaso del pensamiento humanista y el triunfo del consumismo iconográfico? ¿Por qué esta mitificación de la letra impresa y ese desprecio hacia el hipertexto digital? ¿Por qué esta visión negativista ante el libro electrónico? Puedo entender esta posición de alarma entre quienes son profesionales y viven del negocio de las publicaciones en papel (editores, impresores, libreros, traductores, escritores, representantes, distribuidores, etc.) ya que está en juego su forma de ganarse la vida, el salario que reciben y su status socioeconómico. Pero no puedo -o soy incapaz- de comprender la resistencia que manifiestan muchos lectores, sobre todo docentes, hacia los instrumentos digitales para la lectura. Los ebooks, a quienes somos lectores, nos abren nuevos servicios, formas alternativas y usos de los libros más cómodas, accesibles y baratas. Evidentemente perdemos el olor de la tinta y el tacto del papel, pero ganamos en cantidad y comodidad de acceso a las obras (y de interactividad con las mismas). Curiosamente escribo estas ideas en un periodo álgido de la publicaciones en papel. Basta consultar las cifras de número de libros publicados, de ventas y de monto económico en España. La consulta de estas estadísticas nos indica que nunca se ha producido, publicado y generado tanto dinero con las obras impresas como en estos últimos años. Véase para confirmarlo los informes y estadísticas que ofrece la Federación de Gremios de Editores de España. En el informe correspondiente al año 2007 se concluye que “la facturación global ha alcanzado la cifra de 3.123,17 millones de euros, un 3,6% más que en el ejercicio anterior” .El negocio del libro en papel parece estar en un momento de esplendor, pero intuyo que es el “canto del cisne”. Y ello obligará necesariamente a redefinir y reconstruir el papel de los editores, libreros y demás profesionales de la industria del libro ante la cultura digital. Recuérdese que hace una década la industria discográfica estaba en un momento de esplendor. El número de discos en soporte de CDROM que se publicaban y vendían era muy relevante y en menos de diez años el panorama ha cambiado radicalmente: el CDROM es actualmente un soporte en retroceso y condenado a la desaparición. Por el contrario la aparición y popularización de otros soportes digitales como el MP3, la telefonía móvil o el iPOD permiten almacenar y acceder a una cantidad ingente de música que uno puede transportar con facilidad y oírla en cualquier lugar. Por otra parte, las redes tipo emonkey, ares, emule, etc. han permitido la fácil y rápida elaboración de copias de archivos musicales y su distribución a gran escala sin gastos para el consumidor. Todo ello ha provocado que la industria discográfica tal como funcionó hasta ahora esté desapareciendo. Pero esto no significa que el consumo de música sea menor. Todo lo contrario. Hoy en día, gracias a los dispositivos digitales, nunca se había consumido tanta producción musical. Con los libros y demás obras impresas pasará algo similar. Todavía no ha llegado al gran público los artefactos de lectura digital (pero llegarán en muy poco tiempo). Pronto también estarán en las escuelas junto con otras tecnologías informáticas que ya están presentes (Internet, pizarras digitales, proyectores multimedia, tablets PC, Wifi, etc.). El cambio es inevitable y solamente podemos tener dudas sobre la rapidez del mismo: ¿cinco o diez años?. Al respecto, el periódico EL PAÍS publicó recientemente un artículo con el ilustratrivo título de El libro digital ganará al papel en 10 años Extraido de: http://ordenadoresenelaula.blogspot.com/
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